Cuando los Janonautas diseñamos la ruta por Islandia decidimos sacrificar una jornada de viaje en la ruta hacia el norte, hasta las orillas del Lago Myvatn, recorriendo de un tirón el este de la isla y la región de los fiordos. La verdad es que las expectativas para ese día eran «a priori» muy pobres, no esperábamos gran cosa del montón de horas que íbamos a pasar en la carretera. Bueno, no fue para tanto. Incluso podemos decir que también lo disfrutamos. Ayudó mucho el buen tiempo y los grandes paisajes que se mostraron ante nuestros ojos. Tuvimos además tiempo suficiente para relajarnos en las calientes aguas de los baños naturales de Myvatn. Os explicamos ahora cómo fue ese día que suponíamos tan pesado y que acabó resultando más agradable de lo esperado.

Islandia (día 5): la ruta hacia el norte

Nos habíamos planteado el día de hoy como de transición. Después de cuatro jornadas muy intensas, en las que nos habíamos sumergido en la exuberante naturaleza de Islandia, teníamos ahora una etapa-puente para llegar al norte, hasta el Lago Myvatn, cruzando todo el este de la isla. Era una ruta larga, 400 km aquí son muchos para recorrerlos seguidos, que nos llevaría más de 5 horas de viaje. Nuestro camino seguía por la famosa Ring Road, la carretera 1, que se aproxima a los fiordos de la costa oriental antes de enfilar hacia el norte.

Nos permitimos levantarnos más tarde para tomarnos el día con calma. Seguimos de suerte con el tiempo que volvía a ser soleado, hasta el momento no había aparecido la lluvia. Las malas noticias las seguía dando el volcán Bardarbunga:  incremento de la actividad sísmica en el subsuelo y ausencia de magma en la superficie. Habíamos recibido un correo de Islandia 360, la agencia de viajes local con la que teníamos contratada la excursión a la caldera de Askja para el día siguiente. Nos informaban que toda la zona estaba cerrada por la actividad volcánica y que se cancelaba la excursión. Qué fastidio! Teníamos tantas ganas de ir! Eso sí, nos devolverían el dinero del depósito que hicimos en los días siguientes.

Islandia (día 5): la ruta hacia el norte

Aunque podía parecer que iba a tratarse de un aburrido día de coche pronto nos dimos cuenta de que en Islandia esto es imposible. Los paisajes que se pueden ver junto a la misma carretera son de los que quitan el hipo y no dudamos en irnos parando cada vez que una hermosa vista nos pedía una foto.

Islandia (día 5): la ruta hacia el norte

En algunos tramos de carretera las laderas montañosas de los lados desprenden piedras y tierra insistentemente sobre la calzada. Hay auténticos ejércitos de máquinas excavadoras vaciando los márgenes y limpiando para conservar libre el paso de vehículos. Las ovejas seguían apareciendo por todos lados (mucho ojito con no llevarse ninguna por delante) y nos seguíamos preguntando por qué van siempre de tres en tres.

Islandia (día 5): la ruta hacia el norte

Islandia (día 5): la ruta hacia el norte

Islandia (día 5): la ruta hacia el norte

Habíamos dejado atrás el sur de Islandia y su zona más turística y empezábamos a tener conciencia de la poca densidad de población de esta gran isla. A partir de ese momento los pequeños pueblos, aunque los islandeses se empeñen en llamarles ciudades, están diseminados y más alejados los unos de los otros. De vez en cuando sí que se distinguía alguna granja perdida desde la carretera. Durante muchos kilómetros la circulación de vehículos también iba disminuyendo. Como no hay casi pueblos tampoco hay gasolineras. Llenad el depósito cuando podáis y no os arriesguéis, podéis pasar un mal rato viendo que os estáis quedando sin gasolina.

Islandia (día 5): la ruta hacia el norte

Pasamos por algunas de las bonitas localidades que hay en los fiordos y que aún conservaban trazos de nieve en las cimas montañosas de alrededor. Si alguien tiene curiosidad por saber cómo debe ser este entorno durante el invierno tiene dos opciones: venir hasta aquí en esas fechas o ver la serie Fortitude que se rodó en estos fiordos simulando ser la noruega Svalbard. Os la recomendamos sin duda. Llegamos a Egilsstadir, el mayor pueblo de la región, y nos alejamos ya de la costa. Hicimos un alto en nuestro camino para comer algo antes de seguir en dirección al Lago Myvatn.

Islandia (día 5): la ruta hacia el norte

El paisaje había ido cambiando y se volvía más árido y desértico por momentos. Ahora dominaban las amplias llanuras de piedras, otras de cenizas. Casi sin circulación de coches y sin signos de vida humana durante kilómetros (eso sí, seguíamos viendo ovejas). No sería este un buen lugar para tener una avería o quedarse sin gasolina.

Islandia (día 5): la ruta hacia el norte
Islandia (día 5): la ruta hacia el norte
Después del largo viaje finalmente llegamos al Lago Myvatn. Fuimos hasta el pueblo de Reykjahlid que era donde teníamos el hotel. Hay poca oferta de alojamientos en esta zona de Islandia y mucha demanda. Es muy recomendable buscar y reservar con mucha antelación y aún así los precios son caros.

Islandia (día 5): la ruta hacia el norte
No nos entretuvimos demasiado en el hotel, sólo el tiempo necesario para dejar las cosas y coger los bañadores y las toallas. Íbamos a darnos una recompensa por todas las horas de coche relajándonos en las aguas termales del Myvatn Nature Baths que estaban a menos de 3 km del hotel.

Islandia (día 5): la ruta hacia el norte
Esta pequeña laguna, de aguas termales que brotan directamente del subsuelo, no es tan conocida como la Blue Lagoon que está junto a Reikiavik y por eso puede disfrutarse sin agobios ni aglomeraciones.

Islandia (día 5): la ruta hacia el norte
Aquí el agua tiene un ligero color azulado y está muy caliente. Produce una extraña sensación el contraste con la fría temperatura ambiente exterior.

Islandia (día 5): la ruta hacia el norte
Pasamos una maravillosa y divertida tarde en remojo. Los Janonautas recomendamos los Myvatn Nature Baths, merecen la pena.

Islandia (día 5): la ruta hacia el norte

Islandia (día 5): la ruta hacia el norte

Volvimos al hotel a la hora de la cena que tomamos en el restaurante que había al lado. El baño en la laguna termal nos había acabado relajando demasiado, o las horas de coche habían podido con nosotros. La cuestión es que nos caíamos de sueño y no estábamos para más aventuras así que cerramos el día yéndonos a nuestra habitación a descansar.

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