En la región del Alentejo portugués y muy cerca de la frontera con España se encuentra Marvao, uno de los pueblos más bonitos de Portugal. Siempre hemos pensado que esta región debe recorrerse en coche, pausadamente, tal como discurre aquí el tiempo, disfrutando de sus paisajes de campos de labranza, arboledas y blancos pueblos. Así lo hemos hecho en otras ocasiones (Évora, la ciudad museo) y de nuevo esta vez ese era el medio de transporte que habíamos elegido. Hay que detenerse en Portagem, de camino a Marvao, para tener desde la distancia una primera visión del pueblo y su castillo encaramados en lo más alto de la montaña cercana. Entenderemos en ese momento el sobrenombre de “nido de águilas” con el que se le conoce. Una vez lleguemos arriba comprenderemos además el porqué de Marvao, las vistas del Alentejo.

Marvao, las vistas del Alentejo

Situación

El pequeño pueblo de Marvao está situado a tan solo 10 kilómetros de la frontera con España accediendo en coche desde la provincia de Cáceres, a 80 kilómetros entrando desde Badajoz y a 240 kilómetros desde Lisboa.

Levantado en la Sierra Sao Mamede, en la cumbre de una montaña a más de 800 metros de altitud, es un enclave perfecto para tener unas vistas excelentes de esta zona del Alto Alentejo. Como bien decía el escritor y premio Nobel portugués, José Saramago, “de Marvao vê-se a terra toda” (desde Marvao se ve toda la tierra).

Marvao, las vistas del Alentejo

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Un poco de historia

Por la privilegiada situación geográfica de Marvao, a 865 metros de altura, ha sido un lugar de asentamiento de poblaciones desde épocas antiguas. Tanto los romanos como los visigodos y posteriormente los árabes habitaron en estas tierras. Fue un emplazamiento importante en las guerras hispano-lusas pero, al tratarse de un lugar mayoritariamente defensivo, entró en decadencia a partir del siglo XIX cuando ya no se producían conflictos ni internos ni externos.

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Actualmente Marvao vive principalmente del turismo. Son muchas las casas históricas reconvertidas en pequeños hoteles y casas de huéspedes, además de numerosos los restaurantes abiertos al público.

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Paseando por Marvao

Tras dejar el coche en el aparcamiento gratuito que hay fuera del pueblo entramos en Marvao por una de sus puertas, la Porta de Ródao.

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Las calles en Marvao son estrechas y empinadas, con suelos empedrados y blancas casas impregnadas de historia. Todas las construcciones se mantienen en un buen estado.

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Los balcones, ventanas y plazas están decorados con plantas y flores que contrastan con el blanco de las fachadas.

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En nuestra visita nos acompañó Bilbo, nuestro perro, y no tuvimos ningún problema en movernos por el pueblo y acceder a sus puntos de interés con él. Tampoco nos pusieron ningún reparo en el restaurante donde comimos.

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El pueblo es pequeño y tranquilo y es muy agradable callejear. Enseguida encontramos otra de las puertas de la ciudad, la Porta Este.

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La Igreja do Espírito Santo está situada en el centro del pueblo. Es una iglesia renacentista de una sola nave construida en 1573 como casa de asistencia vinculada a obras de caridad.

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Frente a la iglesia, en una plaza, se encuentra la Fuente del Concejo construida en mármol en el siglo XVII.

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De camino hasta el castillo y situada frente a la entrada del recinto del Castelo se encuentra la Iglesia de Santa Maria y unos enormes jardines muy cuidados que llevan el mismo nombre de la iglesia. Dentro de sus instalaciones se encuentra el Museo Municipal de Marvao.

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Castelo de Marvao

El Castelo de Marvao está construido sobre un peñón a las afueras del municipio. Esto permite que desde su muralla, que lo rodea completamente, la vista del pueblo sea inmejorable.

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El Castelo de Marvao fue construido en el siglo XIII pero al tratarse de una plaza defensiva sufrió numerosos desperfectos en las diferentes campañas militares que soportó. La mayoría de lo que se puede visitar actualmente es de la reconstrucción que se llevó a cabo en el siglo XVII.

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Al Castelo de Marvao se entra a través de un arco en la muralla. Tras él hay una pequeña oficina para comprar la entrada que da acceso a la visita.

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Junto a la entrada está la cisterna, un antiguo aljibe abovedado de 10 metros de altura que podía acumular agua para seis meses.

El Castelo de Marvao es muy grande y se puede visitar casi en su totalidad. Es muy recomendable subir a la muralla y recorrerla a través del camino de ronda rodeando la fortaleza.

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Las vistas desde las murallas son de 360º. El día en que los Janonautas visitamos Marvao había niebla baja que hacía que no se distinguiera con claridad el paisaje.

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El Patio de Armas ocupa el centro del Castelo de Marvao y también se utilizaba como zona de recreo.

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Hay una zona del castillo en la que la reconstrucción se nota más. En un pequeño patio con las paredes pintadas de blanco y en la que hay varias tiendas.

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Las dos torres más importantes del Castelo de Marvao y a las que es imprescindible subir son la Torre da Bandeira, situada antes del Patio de Armas

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y la Torre de Menagem en la que también se puede visitar una exposición sobre la historia de la fortaleza en su interior.

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El Castelo de Marvao se puede visitar de 9:00 a 21:00 horas en verano y de 9:00 a 19:00 en invierno.

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