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Una de las rutas turísticas más populares de Islandia es la conocida como el Círculo Dorado. A pocos kilómetros de Reikiavik se pueden observar tres de las más destacadas maravillas de la isla: el Parque Nacional de Thingvellir, Geysir y las cataratas de Gullfoss. Los Janonautas íbamos a empezar nuestro periplo islandés de nueve días despidiéndonos de Reikiavik en busca de este círculo de oro. El que fue nuestro primer contacto con los paisajes y la naturaleza del país nos impresionó y nos sirvió de anticipo de todo lo que veríamos posteriormente. Sin más preámbulos arrancamos motores y nos ponemos en marcha para explicaros todo lo que vivimos durante el primer día de ruta por Islandia.


 

Un nuevo día amaneció para los Janonautas en Reikiavik. Una de las curiosidades de Islandia, que comprobamos nada más entrar en la ducha, era el fuerte olor a azufre (a huevo podrido más gráficamente) que emanaba del agua caliente. Esta desagradable sensación es debida a que el agua de las cañerías proviene directamente de las fuentes geotermales que surcan bajo la superficie de la isla. Había que acostumbrarse, qué remedio, y por suerte el olor no impregnaba la piel. Tras el desayuno y las gestiones de rigor para la partida del hotel salimos a dar un paseo por Reikiavik. El día apuntaba maneras: íbamos a tener sol y temperaturas suaves.

Un corto paseo por Reikiavik

Volvimos sobre nuestros pasos de la noche anterior para pasar de nuevo por delante de la iglesia Hallgrímskirkja y entrar para verla por dentro. La construcción de esta iglesia para el culto luterano empezó en 1945 y finalizó en 1986. Su estilo expresionista es obra del arquitecto Gudjon Samuelsson quien se inspiró en la especial geología de Islandia. El imponente tamaño de su torre, con 74.5 metros hacen de este edificio el más alto del país. Aunque se la suele identificar como “la catedral de Reikiavik” no lo es realmente, es tan sólo una iglesia. Con lo llamativo que es su exterior decepciona la visita a un interior anodino y sin ornamentos. Pagando una entrada puede subirse a la torre para ver las vistas de la ciudad.

La iglesia de Hallgrimskirkja
La iglesia de Hallgrimskirkja

 

Interior de la iglesia de Hallgrimskirkja
Interior de la iglesia de Hallgrimskirkja
Gran órgano de tubos
Gran órgano de tubos

Reikiavik tiene un núcleo urbano pequeño, sin desniveles importantes, que puede recorrerse a pie sin ningún problema. En el centro histórico de la ciudad encontramos el pequeño Lago Tjörnin con sus casas bajas de tejados de colores en la orilla junto a destacados edificios como el Ayuntamiento.

El lago Tjorin con el edifico del Ayuntamiento a la izquierda
Àlex y Clàudia frente al lago Tjorin
Àlex y Clàudia frente al lago Tjorin

Destaca el blanco edificio de tejados verdes de la Iglesia Libre de Reikiavik perteneciente a una congregación luterana independiente de la iglesia nacional.

Sede de la Iglesia Libre de Reikiavik
Sede de la Iglesia Libre de Reikiavik

El lago es además un importante hábitat de aves de la zona, principalmente patos, ocas y cisnes.

Avifauna en el lago Tjorin
Avifauna en el lago Tjorin

Cercana al lago Tjorin está la modesta Catedral de Reikiavik, de 1787. A pesar de ser la catedral se trata de un edificio muy pequeño y más si se compara con Hallgrimskirkja.

La Catedral de Reikiavik

Aprovechamos para cambiar algo de moneda en un banco y comprar algunas provisiones para la comida del día mientras nos acercábamos al paseo marítimo. A la luz del día pudimos ver con detalle el flamante edificio Harpa.

Edificio Harpa
Edificio Harpa

Más adelante, en la costa, está la escultura del barco vikingo. Esta estructura de acero, llamada Solfar (Viajero del Sol), es obra de Jon Gunnar Arnason y es uno de los rincones más fotografiados de Reikiavik. Los Janonautas no quisimos irnos de la capital sin hacernos una foto de recuerdo en este rincón.

Àlex y Clàudia junto a la nave vikinga Solfar
Àlex y Clàudia junto a la nave vikinga Solfar

Acabamos el agradable paseo por Reikiavik cambiando el barco vikingo por el pequeño Hyundai que nos estaba esperando en el parking del hotel. La ruta circular a la isla iba a empezar. Hasta pronto Reikiavik! Nos vemos dentro de nueve días!

La ruta del Círculo Dorado

Salimos de la ciudad y fuimos a buscar la carretera 36 que llevaba a nuestro primer objetivo: el Parque Nacional de Thingvellir. Pronto  íbamos a empezar a ver los paisajes islandeses de páramos extensos y ausencia de árboles. Pese a ser agosto algunas montañas nevadas se dibujaban en el horizonte. La presencia de ovejas (curiosamente siempre en grupos de tres) y caballos pastando junto a la carretera, también alguna que otra vaca, iba a ser habitual durante los días de viaje.

Caballos islandeses junto a la carretera
Caballos islandeses junto a la carretera

 

Las ovejas son habituales en los paisajes de Islandia
Las ovejas son habituales en los paisajes de Islandia

El itinerario de nuestro primer día fue el siguiente:

 

La primera parada la hicimos junto a la orilla del lago Pingvallavatn en un área de aparcamiento marcada como zona de interés turístico. Empezamos a familiarizarnos ya con algunas palabras islandesas que se irían repitiendo, en este caso Vatn = Agua.

Cartel indicador de punto de interés
Cartel indicador de punto de interés

 

Lago Pingvallavatn

Las hordas de turistas se han dedicado en este punto a levantar montículos de piedras y toda la zona está plagada de extrañas esculturas. No sabemos quién fue el primero pero os podemos confirmar que sirvió de inspiración a muchos otros que le siguieron. Para muestra, un botón.

Montículos de piedras
Montículos de piedras

El Parque Nacional de Thingvellir

De nuevo en la carretera no tuvimos que avanzar mucho para llegar al valle en el que se encuentra el Parque Nacional de Thingvellir. Tras dejar el coche en el aparcamiento enfilamos el camino entre altos y negros muros de piedra volcánica.

El Parque Nacional de Thingvellir
El Parque Nacional de Thingvellir

El valle es geológicamente muy destacable por las fallas que han creado largos cañones. Los movimientos tectónicos se pueden apreciar también en las múltiples grietas que hay en toda la zona.

El Parque Nacional de Thingvellir
Cañón en el Parque Nacional de Thingvellir

Thingvellir es Parque Nacional desde 1928. Su importancia para los islandeses es histórica porque aquí se fundó el Alpingi, uno de los parlamentos más antiguos del mundo, en el año 930. Es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde el año 2004. La residencia de verano del Primer Ministro de Islandia se encuentra en este lugar.

Residencia de verano del Primer Ministro islandés
Residencia de verano del Primer Ministro islandés

El río Oxará fluye entre los campos de lava y da lugar a la pequeña cascada de Oxararfoss. Siguiendo con nuestro aprendizaje de islandés tenemos otra nueva palabra: Foss = Cascada. En este punto acabamos el interesante recorrido por el Parque Nacional de Thingvellir.

Clàudia frente a Oxararfoss
Clàudia frente a Oxararfoss

Geysir, tierra de “géiseres”

Continuamos ruta y cambiamos a la carretera 35 con destino Geysir. Desde la carretera vimos ya el primer glaciar, Langjokull, el segundo mayor de Islandia tras el Vatnajokull. Lección número tres de islandés: Jokull = Glaciar.

Glaciar Langjokull

La palabra “géiser” proviene del islandés y sirve para nombrar las fuentes termales que erupcionan periódicamente lanzando chorros de agua caliente a varios metros de altura. Geysir es la fuente termal que ha dado nombre a este tipo de fenómenos. Durante el siglo XX dejó de tener actividad según parece por la acción de los turistas que arrojaban piedras a su interior. 

Llegada a Geysir
Estamos en Geysir

Vimos primero las fumarolas pequeñas que salían del suelo y los manantiales de los que brotaba agua hirviendo. La zona estaba marcada con cuerdas que señalaban las zonas peligrosas. Los carteles advertían de la temperatura del agua entre 80 y 100º grados. El único géiser activo era el Strokkur que expulsa una columna de agua hirviendo a una altura que puede llegar a los 20 metros en intervalos irregulares de tiempo. Nos pusimos alrededor del pequeño cráter y esperamos. Vimos varias erupciones, algunas muy seguidas de entre 3 y 7 minutos de espera entre ellas. Posteriormente hubo 3 erupciones prácticamente seguidas, en menos de un par de minutos.

El Strokkur a punto de erupcionar
El Strokkur a punto de erupcionar

 

Columna de agua y vapor de varios metros de altura
Columna de agua y vapor de varios metros de altura

 

Cráter del Strokkur
Cráter del Strokkur

Pudimos grabar una de las erupciones con el móvil y la podéis ver aquí:

La catarata de Gullfoss

Completando el Círculo Dorado habíamos dejado para el final la parte más espectacular: la catarata de Gullfoss. Está a muy poca distancia de Geysir, en la misma carretera 35. Esta catarata es la más grande de Islandia y una de las más bellas del mundo. Es característico el arcoiris que la luz forma con las microscópicas gotas que la catarata expulsa al caer. Ciertamente fue uno de los mejores momentos que los Janonautas vivimos en Islandia.

La catarata de Gullfoss y su característico arcoiris

Hicimos fotos desde los miradores más alejados y nos fuimos acercando hasta el mismo borde de la caída. Os enseñamos algunas de las imágenes que tomamos.

Acercándonos a Gullfoss
Cañón del río Hvitá

 

Clàudia y Trini delante de la catarata de Gullfoss

 

Cráter Kerid

Eran las 16:30 horas cuando empezamos a ir hacia nuestro hotel que se encontaba en las cercanías de la pequeña ciudad de Selfoss. De camino quisimos desviarnos y parar junto al cráter del volcán Kerid. Es una corta visita que puede hacerse sin problema junto a la ruta del Círculo Dorado. Tuvimos que pagar una entrada de 350 coronas (unos 2 euros) para verlo. El cráter, de color rojizo, escondía un lago de agua azulada en su interior. Ya os decimos que es una visita corta pero que resulta interesante.

Cráter del volcán Kerid

Selfoss, final de camino

El día estaba siendo muy intenso y ya notábamos algo de cansancio. Teníamos reservada la noche en el Hotel Hekla que estaba unos kilómetros pasado el pueblo de Selfoss por la carretera 30. Pudimos comprobar que era difícil aclararse con las direcciones islandesas, a pesar de llevar GPS, y como nos volvería a suceder algún que otro día nos costó encontrar el lugar al que íbamos. Tras perdernos un par de veces por fin conseguimos llegar.

Clàudia entrando en el Hotel Hekla
Detalle de nuestra habitación

El hotel nos gustó. La habitación era muy cómoda y estuvimos bien atendidos. Los Janonautas lo podemos recomendar sin duda. Tras dejar el equipaje y descansar un poco nos dirigimos a Selfoss con idea de cenar en un restaurante islandés. El local elegido fue el Tryggvaskali. Recordamos la sopa de langosta que nos gustó mucho. El sitio era agradable aunque el precio fuese un poco caro para nosotros, 18.000 kr (100 euros).

Restaurante Tryggvaskali en Selfoss
Interior del restaurante Tryggvaskali

 

Àlex y Clàudia preparados para la cena

Tras la cena, con el cansancio acumulado y viendo que en Selfoss no había gran interés, regresamos al hotel dando por acabado el primer día de nuestra ruta por Islandia.

 

Enlaces de interés: