Have Fun! Don’t Run! No Photos! Estas tres reglas aparecen escritas en el acceso al llamado Green District de Christiania. Son un resumen de la filosofía de este lugar y de sus contradicciones: ¡Diviértete!, como una expresión de la libertad del individuo para ser feliz. ¡No corras! (pues provocarás el pánico), reminiscencia del pacifismo de la cultura hippie, una de las cunas de esta ciudad libre. ¡No hagas fotos!, porque aquí se trapichea con drogas y esta es un actividad ilegal. Este último aspecto es el que más quebraderos de cabeza ha dado a los christianitas quienes tuvieron que batallar hace algunos años con el tráfico creciente de las drogas duras y que consiguieron erradicar (las drogas blandas se siguen tolerando).

Christiania, el barrio libre de Copenhague

La mayor virtud de este barrio es también su principal amenaza: un entorno idílico alrededor de un pequeño canal rodeado de verde en pleno centro de Copenhague. ¿Qué puede haber más llamativo para los intereses inmobiliarios de los promotores o políticos de turno? Y eso que en 1971 este área de 34 hectáreas era un recinto militar abandonado y olvidado. Cuando un grupo de padres empezó a ocupar la zona y a adecentarla no hubo protestas y se les dejó hacer desde las instituciones. Más tarde, bajo la influencia del grupo cultural y político provo, se constituyeron las bases de la ciudad libre de Christiania. En la actualidad viven en este barrio cerca de 1000 personas.

Christiania, el barrio libre de Copenhague

Christiania es considerada por sus ocupantes una ciudad independiente de Dinamarca y fuera de la UE. Una cosa es cómo se autoproclame pero la realidad es que si bien goza de cierta autogestión necesita de algunos recursos estatales para su mantenimiento. Es un lugar para vivir pero que por su peculiar idiosincrasia se ha convertido en el segundo sitio de Dinamarca más visitado por los turistas, tras el parque de atracciones del Tívoli también en Copenhague.

Christiania, el barrio libre de Copenhague

Son muchos los visitantes que entran por las puertas del barrio atraídos por el exotismo de una sociedad “diferente” (igual que cuando visitan un poblado masai en Kenia o una tribu beréber del desierto). Cuesta abstraerse de los tópicos. El mercadeo de marihuana en Pusher Street, literalmente la calle de los “camellos”, puede producir intranquilidad y miedo a cualquiera y alimenta los prejuicios de este sitio.

Christiania, el barrio libre de Copenhague

Hay que salir de Pusher Street y empezar a recorrer el resto del barrio donde lo que destaca es el ambiente tranquilo, pausado y natural en el que están prohibidos los coches particulares y la vida se mueve en bicicleta. De aquí son las conocidas bicicletas con grandes cestos delante para llevar a los niños. La arquitectura destaca precisamente por la falta de arquitectos. Las viviendas pertenecen a la comunidad y sus ocupantes pagan un alquiler a esta. Los materiales se reciclan y un palé de madera puede transformarse en una mesa.

Christiania, el barrio libre de Copenhague

El graffiti es el rey en un lugar en que el arte es urbano y accesible para todos. Funciona todavía el mercado de intercambio aunque han proliferado pequeños cafés, tiendas y demás con precios más baratos que en el resto de la ciudad.

Christiania, el barrio libre de Copenhague

Cualquier viajero en Copenhague debería reservarse unas horas para visitar Christiania. Es un lugar muy interesante al que hay que ir con los ojos y la mente abiertos, sin prejuicios. Christiania, el barrio libre de Copenhague, es ideal para pasear, tomar algo … o simplemente para conocer otra forma de vivir.

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