Siempre había tenido la percepción de que Lisboa era una ciudad triste y gris. Supongo que esta idea estaba condicionada por la mezcla de melancolía y fatalismo que parece trasmitir el fado, la expresión más popular de la música portuguesa. Es lo que sucede con los estereotipos, que pueden llevarnos a error. Lisboa es luminosa, blanca y alegre (a pesar de la crisis que ha golpeado fuertemente al país en los últimos años). La ciudad vieja muestra el paso de los siglos en las fachadas desgastadas pero también carácter y cierta belleza. Las calles peatonales del barrio de La Baixa se abren a maravillosas plazas, como la Praça do Comércio junto al Tajo, y desbordan de vitalidad. Los antiguos monumentos Patrimonio de la Humanidad (la Torre de Belém y el Monasterio de los Jerónimos) conviven con las nuevas creaciones del Oceanario y el Puente Vasco Da Gama, el más largo de Europa con sus 17 km. de longitud. Todo esto, y más, nos ofrece Lisboa y los Janonautas os proponemos que lo descubráis junto a nosotros. Hoy iniciamos el diario de dos días en la ciudad lisboeta, ¿os apetece acompañarnos?

 
Lisboa, la ciudad luminosa (I)